Después de arreglarse, muchas personas incorporan un último gesto antes de salir: rociar un poco de perfume sobre el pelo para que el aroma permanezca durante más tiempo. Sin embargo, las fragancias tradicionales no están formuladas específicamente para el cabello y su uso frecuente puede afectar la hidratación de las fibras o provocar molestias en el cuero cabelludo.
El principal motivo está relacionado con su composición. Muchos contienen alcohol, un ingrediente que facilita la dispersión de la fragancia y permite que se evapore rápidamente. Aunque su presencia no implica que una aplicación ocasional vaya a dañar el pelo, el contacto repetido puede contribuir a resecarlo, especialmente cuando ya está debilitado, teñido o sometido a tratamientos químicos.

Además, las fragancias incluyen mezclas de componentes aromáticos que pueden generar sensibilidad o irritación en determinadas pieles. Si el producto alcanza el cuero cabelludo, puede provocar picazón, enrojecimiento o molestias, sobre todo cuando existe una predisposición a las reacciones cutáneas.
