Combinar la práctica deportiva con la ingesta de líquidos resulta fundamental para protegernos de los golpes de calor, cuidar el organismo y obtener el mejor rendimiento.
El agua cumple numerosas funciones corporales vitales: disminuye la temperatura, elimina desechos metabólicos, lubrica las articulaciones, transporta y absorbe nutrientes, entre otras. Por lo tanto, es indispensable para evitar la aparición de lesiones, calambres, fatiga e hipertermia.

El ejercicio produce sudor, el cual está relacionado directamente con su intensidad y duración, pero también con otras variables como la temperatura y la humedad del ambiente. Esto implica pérdida de agua y sales que necesitan reponerse para continuar con las funciones antes mencionadas.
