Es bastante común que, después de rascarse una zona del cuerpo, la piel quede roja durante algunos minutos. Aunque puede parecer una reacción llamativa, generalmente se trata de una respuesta normal del organismo frente a la estimulación de la superficie cutánea.
Cuando nos rascamos, ejercemos presión y fricción sobre la piel. Este estímulo activa terminaciones nerviosas y provoca cambios en los pequeños vasos sanguíneos de la zona, que pueden dilatarse y aumentar temporalmente el flujo de sangre hacia la superficie. Como consecuencia, la piel adquiere un tono más rojizo.
El rascado también puede generar una sensación de alivio momentáneo frente a una picazón porque modifica las señales que llegan al sistema nervioso. Sin embargo, hacerlo repetidamente puede terminar irritando la piel y aumentar la molestia en lugar de solucionarla.

