Después de limpiar los pisos, pasar un trapo por los muebles o lavar determinadas superficies, es normal que quede humedad durante un rato. Sin embargo, cuando el ambiente permanece mojado durante demasiado tiempo, pueden aparecer olores desagradables y una sensación de encierro, especialmente en los días fríos o húmedos.
Una de las medidas más sencillas es mejorar la circulación del aire. Si las condiciones del exterior lo permiten, abrir ventanas de lados opuestos de la casa durante unos minutos puede favorecer una ventilación cruzada y acelerar el secado. No hace falta mantenerlas abiertas durante horas: una corriente de aire bien aprovechada puede ser suficiente.
También conviene evitar colocar muebles, alfombras u otros objetos sobre superficies que todavía están húmedas. Cuando el aire no puede circular alrededor de esas zonas, el agua tarda más en evaporarse y pueden quedar sectores húmedos durante mucho tiempo. En el caso de las alfombras, lo mejor es levantarlas o retirarlas hasta que el piso esté completamente seco.
