El desodorante es un producto básico de higiene diaria, pero muchas veces no lo usamos de la manera correcta. Pequeños errores en su aplicación pueden reducir su efectividad, hacer que dure menos o incluso provocar irritaciones en la piel.
Aplicarlo con la piel húmeda
Uno de los errores más frecuentes es usarlo justo después de la ducha, sin esperar a que la piel esté completamente seca. La humedad impide que el producto se adhiera bien y disminuye su acción protectora.

