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Si en las PASO el libertario Javier Milei se nutrió del «voto bronca» contra el Gobierno y la política tradicional en general para alzarse con una victoria ruidosa e inesperada, en las elecciones presidenciales celebradas hoy bien podría considerarse que, a diferencia de lo ocurrido en agosto pasado, fue el «voto miedo» o «voto más racional» el que finalmente terminó imperando.

Es cierto, Milei logró mantener su caudal electoral con respecto a las primarias, pero en definitiva, allí se estancó. Tres de cada 10 argentinos que acudieron a las urnas lo respaldaron, pero no haber avanzado con relación a los comicios anteriores sugiere que, en efecto, tanto aquel como este no es otra cosa que su techo hoy.

Dicho esto, fue Sergio Massa quien mejor aprovechó el temor que generó en un amplio sector de la sociedad la posibilidad de «saltar al vacío» con un Milei convertido eventualmente en jefe de Estado, pero no solo porque así lo aseguran los resultados registrados este domingo, sino porque apostó por una atildada estrategia de campaña apuntada en tal sentido: apostó y ganó.

A diferencia de Patricia Bullrich, que quedó parada en un «no lugar» después de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), cuando la ciudadanía dejó en claro que, en todo caso, la opción de cambio «de derecha» ahora la encarnaba Milei, y no supo ni pudo desarmar ese rompecabezas generado en la noche del 13 de agosto pasado, Massa sí entendió que de cara a estas elecciones había que apelar a la racionalidad: «Somos nosotros o la locura», insistían en su entorno.

El ministro de Economía y candidato presidencial de Unión por la Patria (UxP), además de impulsar el plan «pesos para todos» después de las PASO y otras tantas medidas electoralistas, logró mostrarse como el aspirante a la Jefatura de Estado mejor ataviado para contrarrestar la ola violeta, mientras Bullrich insistía con la necesidad de «terminar con el kirchnerismo para siempre» como lema primordial de su campaña.

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La derrota de Bullrich y de Juntos por el Cambio (JxC) en general -una fuerza que ya se sentía prácticamente Gobierno tras los comicios legislativos de 2021- abre un futuro incierto para la principal coalición opositora. E incluso más: ¿qué decisión tomarán en el cuarto oscuro sus votantes en noviembre próximo, cuando tengan es escoger entre Massa y Milei? Es probable que el militante macrista de perfil más duro se incline por el libertario, pero ¿el resto?

Será un desafío tanto para el titular del Palacio de Hacienda como para el fundador de La Libertad Avanza (LLA) hablarles a ese electorado -y al de Juan Schiaretti- e intentar seducirlo. De cualquier manera, da la sensación a priori de que es altamente más probable el éxito de Massa que el de Milei en esa cruzada: pescando en el universo de moderados, es de esperar que el líder del Frente Renovador obtenga un botín más abultado que su rival.

En el oficialismo, en vísperas de estas elecciones, tenían en efecto la esperanza de que primara un voto más racional, más pensado y no tanto emocional, como en las PASO. Si aquel fue una especie de llamado de atención para el Gobierno y la clase dirigente en general, en esta oportunidad el miedo a que «estalle todo», como proponía Milei, lisa y llanamente, activó la cláusula de conciencia por la que bregaba Massa.

El libertario, un «outsider» de la política, sin equipos consolidados, sin la menor experiencia en la gestión pública, pero con iniciativas disruptivas que permearon rápidamente en un sector de la sociedad harto de las constantes no respuestas del Estado, insistía en la necesidad -según su criterio- de «resetear» la Argentina, a cualquier precio.

Quienes coinciden con esa apreciación tan peculiar de Milei fueron a votaron este domingo. El resto optó por perder de vista al menos por unas horas las dificultades económicas por las que transita el país y respaldar en las urnas al candidato con mejores chances para frenar lo que parecía ser, tras las PASO, un alocado tsunami violeta hacia la Presidencia de la Nación. De momento, Massa le aplicó un freno de mano al libertario, que lideraba -hasta esta noche- numerosas encuestas sobre intención de voto. Una vez más, las consultoras fallaron, dicho sea de paso.

En el día de su cumpleaños número 53, Massa le aguó la fiesta a Milei y además de traccionar con fuerza la boleta de UxP en la provincia de Buenos Aires, donde el gobernador Axel Kicillof se alzó con la reelección, obtuvo una victoria que lo ubica, a partir de mañana mismo, como favorito de cara a la segunda vuelta prevista para el domingo 19 de noviembre próximo.

 

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