El invierno suele venir con más cansancio, piel tirante, bajón anímico y menos ganas de moverse. Por eso, crear momentos de pausa que reconecten con el cuerpo puede mejorar no solo el estado físico, sino también el ánimo.
No se trata de grandes rutinas ni productos caros, sino de sumar gestos cotidianos con intención. Son rituales porque los repetís, los hacés tuyos y funcionan como pausa y mimo.
Ideas de rituales simples para abrigarte por dentro y por fuera:

