Las botellas reutilizables son una buena opción para hidratarse, pero con el uso diario es común que empiecen a tomar olor, incluso si se lavan seguido. La causa no es el agua en sí, sino lo que queda dentro.
La humedad constante crea un ambiente ideal para bacterias y hongos y, cuando el recipiente no se seca del todo o se guarda cerrado, esos microorganismos se multiplican y generan mal olor.

Otro punto clave es el diseño: tapas con válvulas, picos o sorbetes acumulan restos de saliva y bebida que no siempre se limpian bien. Aunque el cuerpo del envase parezca limpio, esas partes suelen ser el foco del problema.
