Hay días en los que todo molesta. El ruido parece más fuerte, la luz más intensa, la ropa incomoda, los olores saturan y cualquier mínimo estímulo te deja al borde del colapso. No es que estés exagerando ni que estés de mal humor: puede ser ansiedad sensorial.
Ésta aparece cuando el sistema nervioso está sobreestimulado y deja de filtrar bien lo que recibe. En vez de priorizar, registra todo al mismo tiempo. El resultado es cansancio mental, irritabilidad y una sensación constante de “demasiado”.

Esto suele pasar en etapas de estrés prolongado, falta de descanso, exigencia emocional o cuando venís sosteniendo muchas cosas sin pausa. El cuerpo habla cuando la mente no afloja.
