Es una escena habitual durante los días fríos: las ventanas amanecen cubiertas por una fina capa de vapor o pequeñas gotas de agua. Aunque pueda parecer un simple efecto del clima, este fenómeno responde a un proceso físico muy concreto: la condensación.
El aire siempre contiene una cierta cantidad de vapor de agua. Cuando ese aire cálido y húmedo entra en contacto con una superficie fría, como el vidrio de una ventana, se enfría rápidamente.

Al enfriarse, el aire pierde parte de su capacidad para retener humedad y, como resultado, el vapor de agua se transforma en pequeñas gotas líquidas que se depositan sobre la superficie del vidrio.
