¿Tenés prendas que parecían nuevas y de repente están apagadas, lavadas o directamente grisáceas? No siempre es culpa del uso: muchas veces son pequeños errores del día a día que van desgastando los colores sin que te des cuenta.
1. Mezclar colores sin criterio
El clásico error. No es solo “no lavar blanco con rojo”: los tonos vibrantes también destiñen entre sí. Los colores oscuros siempre van juntos y del revés; los claros, por otro lado.
2. Usar agua demasiado caliente
