El magnesio participa en más de 300 funciones del organismo, desde el sistema nervioso hasta la relajación muscular y la producción de energía; cuando los niveles son bajos, pueden aparecer cansancio, calambres, irritabilidad o problemas de sueño.
Este mineral se volvió uno de los suplementos más elegidos para dormir mejor, bajar el estrés y aliviar contracturas, pero hay un detalle que muchos pasan por alto: no alcanza con tomarlo “porque sí”. La forma, la dosis y el momento influyen mucho en los resultados.

Uno de los errores más frecuentes es elegir cualquier presentación, ya que no todos los tipos de magnesio se absorben igual ni sirven para lo mismo. El bisglicinato suele asociarse más con relajación y descanso; el citrato tiene buena absorción pero puede ser laxante; el cloruro es efectivo pero a veces irrita el intestino, y el óxido se absorbe menos que otras formas.
