Aunque las prendas no presenten manchas ni se sientan húmedas al tacto, pueden conservar aromas que aparecen durante el lavado, el secado o incluso después de guardarlas. El problema no siempre se resuelve agregando más jabón o perfume para telas. En muchos casos, conviene revisar el proceso completo para identificar de dónde viene el olor y evitar que vuelva a instalarse.

El tiempo de secado
Una de las causas más habituales es dejar la ropa húmeda durante demasiado tiempo antes de tenderla o guardarla. Cuando permanece amontonada dentro del lavarropas, en un canasto o en una habitación con poca circulación de aire, se generan condiciones que favorecen la aparición de olores asociados a la actividad de microorganismos.
